El gobierno chileno ha lanzado un segundo paquete de medidas anticrisis, que supuestamente apuntan a contener y reactivar la situación que está viviendo el país. Este nuevo paquete de medidas económicas y financieras contempla 2.000 millones de dólares que vaya en directo beneficio a los sectores que no tienen protección social alguna, comerciantes informales, trabajadores por cuenta propia, comerciantes feriantes, etc

En conjunto con lo anterior se destinarán cerca de 24.000 millones de dólares a generar líneas de créditos que vayan en beneficio del empresariado nacional, por cierto, la cifra es inédita en la historia económica de Chile, sin embargo este monto podría no ir completamente destinado a las MIPYMES (micro, pequeñas y medianas empresas) , que venden desde una UF anual a cien mil UF anuales ( valor UF US$ 34.-)

¿Y por qué no iría completamente a las pequeñas empresas?, porque la decisión gubernamental también contempla ir en ayuda de empresas que venden hasta un millón de UF anuales, algo también absolutamente inédito, salvo cuando en dictadura se tomó la decisión de salvar a los bancos en 1982.
El que grandes empresas utilicen los recursos que debiesen ir íntegramente a las MIPYMES, impedirían que cientos de miles de estas no accedan a estos recursos crediticios y con ello por añadidura irán a la quiebra, ¿por qué lo anterior? muy simple, las grandes empresas son sujeto de créditos y las pequeñas empresas no lo son.

Es por eso que resulta absurdo hoy, que algunos representantes de gremios de Pymes, junto a economistas miopes, sigan discutiendo la importancia de la tasa de interés en los créditos a las MIPYMES, como si esto fuese relevante y crucial. Este planteamiento majadero lo vienen haciendo desde la crisis asiática (1998 – 1999), sin querer dar con el verdadero fenómeno de las empresas de menor tamaño, y es que simplemente estas no califican para líneas crediticias y por tanto con tal grado de desesperación, la tasa de interés pasa a ser una cuestión irrelevante para estas.

Ya en el año 2000, se hablaba de que las Pymes estaban acorraladas por un monstruo de tres cabezas: las deudas financieras, las deudas tributarias y las deudas previsionales. En en estos veinte años se han hecho tímidas y tibias reprogramaciones, con poco impacto en la situación crítica de las pequeñas unidades económicas, lo que se ha traducido que en el tiempo, muchas de estas empresas hayan prolongado su agonía o derechamente quedado en el camino con la total desidia de la banca y los organismos de fomento gubernamentales.

Por tanto, para ser claros, la Pyme chilena no entra en un espiral de crisis ni en octubre pasado (comienzo del estallido social), ni en este marzo, ellas vienen agonizando sistemáticamente al menos los últimos 20 años. Las coyunturas recientes, sólo han evidenciado y por cierto agravado el lastimoso estado en el que ya se encontraban.

Si se quiere ayudar genuinamente a las MIPYMES, hay que tomar una decisión política de verdad. Hay que querer cruzar el río y esos 24 mil millones de dólares, debieran ir íntegros a las pequeñas empresas y no una vez más querer ir en ayuda de la gran empresa, arguyendo que esto es beneficioso para las Pymes, entre otras cosas mencionando cuestiones como que esto movería la cadena productiva. No puede haber un argumento más alambicado y falaz.

El modelo económico chileno, no tiene contemplado en su estructura el encadenamiento productivo de grandes empresas con empresas de menor envergadura, las primeras en esencia son exportadoras de materias primas y no requieren generar cadenas productivas, por una razón muy sencilla, lo que exportan tiene poco valor agregado, claro que ahora nuevamente aparecerán algunos tecnócratas majaderos e equivocados a mostrarnos algunas centenas de casos en contrario, golondrinas que en ningún caso harán verano.

La verdadera solución al problema de la Pymes se planteó hace veinte años por algunos economistas lúcidos y dirigentes de Pymes, la propuesta contemplaba una reprogramación potente de todas las deudas de las micro, pequeñas y medianas empresas, con una buena y decidida cantidad de meses de gracia, pasivos que se conviertan en créditos sanos, con nuevos plazos y bajas tasas de interés, ese solo hecho permitiría que un universo importante de MIPYMES accedan nuevamente al crédito, generando con ello un dinamismo importante e inusitado en nuestra agotada y alicaída economía, esta decisión al Estado no le significa una gran inversión de recursos, se trata solo de cambiar créditos putrefactos por créditos sanos.

Por cierto, esta decisión política responsable y valiente, que ningún gobierno antes se atrevió a impulsar, debe ir necesariamente acompañada de una fuerte reinserción de las Pymes en el mercado nacional. Hoy con un espantoso 13% de participación de mercado, cualquier medida económica y financiera que se adopte, será un mero saludo a la bandera y nos volverá a llevar al irresponsable y calamitoso estado en que Chile tiene a sus empresas de menor tamaño.

Gianina Figueroa, Secretaria General de Unapyme (Unión Nacional de Organizaciones Gremiales de Micro, Pequeña, Mediana Empresa y Empresarios, Trabajadores por Cuenta Propia o Autónomos de Chile)

Hernán Calderón, Presidente de CONADECUS (Corporación Nacional de Consumidores y Usuarios)