Me sorprende, insomne, la noticia de una pareja que pretendía viajar a unas islas parque natural con un par de aves exóticas (para esas islas). En cuanto los detectaron, los pararon y les leyeron la cartilla sobre el peligro que suponía para el ecosistema de las islas, esto es, la organización que tienen allí montada las aves, los abejorros, reptiles varios, peces, musgos, arenas y demás que les viene funcionando medianamente bien desde antiguo.

Al rato me llama la atención un vídeo de dos extranjeros (hablan un idioma que parece inglés) que diseccionan una ciudad cercana a la de mi residencia como destino para vivir: el coste del alquiler, de un seguro médico, de la comida, de las fiestas, etc…, como si de una operación militar se tratase. Estudian al milímetro entre bailecitos, risas, palmas y demás que han decidido que el mejor lugar del mundo para ellos es esa ciudad donde su dinero es más dinero que de donde provienen, que su infierno económico de allí es exportable e inoculable a los de aquí pasando estos a sufrir sin saber ni cuándo ni dónde contrajeron ese virus foráneo que les impide llevar una vida similar a la de quienes los precedieron. Me picó la curiosidad y me leí (malamente, estaban en inglés) comentarios que dejaban otros que también escribían en inglés que se mostraban encantados de la información y que mostraban su deseo de irse a vivir enseguida para mejorar su calidad de vida… (y empeorar la de los residentes).

No pude dejar de ver el contrasentido entre la protección que se dispensa a aquellas aves, peces, musgos, abejorros y arenas en las islas de un parque natural y la desprotección de los autóctonos que habitan en una ciudad barata para esos que hablan en otro idioma, que comentan en otro idioma, que les importa poco el ecosistema de la ciudad que pretenden tomar por la fuerza del dinero, más allá de que el organismo (la ciudad) deba funcionar bien y sea barata para su capacidad económica y al parecer les importa bien poco lo que les pase a los habitantes de esa ciudad y la pregunta es evidente: ¿Quién cuida de estos habitantes? O mejor dicho ¿Por qué no se les dispensa la misma protección, como mínimo que, a aquellos bichos vertebrados e invertebrados, vegetales y demás fauna que habitan unas islas? ¿Son menos los habitantes de esa ciudad que aquéllos bichos?

Y la respuesta es todavía más preocupante si pensamos que esos que vienen a tomar pueblos, villas y ciudades solo son infantería ligera. No quiero imaginar si una corporación se encapricha con tu barrio, tu ciudad, tu provincia o tu región autónoma. Ahí, tras hacer un estudio sin risas ni palmas ni bailecitos… te van a empaquetar como un regalo mientras les puedas prestar un servicio y ponértelo muy difícil si no encajas en su nueva e innovadora experiencia de ocio que no deja de ser un nuevo colonialismo, postmoderno y mundial en el que antes las metrópolis iban a lugares lejanos a someter a los habitantes y saquear del territorio lo que se pudiera sin tener en cuenta a aquella población ni el territorio más allá de la necesidad de tener buenos y eficaces métodos de exportación de las riquezas. Ahora en un giro más que irónico, nos someten o pueden someter a todos habitantes de todo el planeta (viejas metrópolis incluidas), y extraen y trasvasan capital a velocidad de la luz, con cientos de miles de millones de clics todos los días, todas las noches, haga frio o calor, llueva o truene, sin importar ni tú ni nadie, eres parte del decorado mientras les valgas para algo y casi parece mejor que como en la canción, “quisiera ser un pez” (al menos parece que alguien querría cuidarme).

 

Víctor Muñoz Meilán

Presidente FACUA Galicia.

 

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