Blog de la Fundación FACUA y la Fundación Ciudadana por un Consumo Responsable para la colaboración y el intercambio entre las organizaciones de consumidores de América Latina, el Caribe y Europa

Blog de la Fundación FACUA y la Fundación Ciudadana por un Consumo Responsable para la colaboración y el intercambio entre las organizaciones de consumidores de América Latina, el Caribe y Europa

Publicado el 15 de Junio de 2026, por Altagracia Paulino

El contenido vertido en los artículos y entrevistas publicados en el Blog Consumo y Ciudadanía, son de responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente la postura de las Fundaciones que propician dicho blog

La COVID-19, que azotó al planeta en los dos primeros años de la década de 2020, nos dejó aprendizajes y cambios de hábitos. Creció el comercio electrónico, se multiplicaron los delivery y, en el ámbito económico, se instaló un fenómeno que parecía pasajero: la reduflación. El virus se fue, pero la práctica sigue.

La reduflación se hizo visible en Francia cuando los consumidores detectaron que los envases venían con menos cantidad. Se quejaron ante los proveedores y estos respondieron que la decisión venía de los fabricantes.

Los fabricantes alegaron que recortaron contenido para sostener la oferta ante una demanda masiva, sobre todo de alimentos y artículos de gran consumo. Pero al reducir la cantidad y mantener el mismo precio, o aumentarlo, se produce un engaño: el  consumidor paga más por unidad sin notarlo.

Simplemente: te dan menos del producto por el mismo dinero.

Las razones que suelen invocar son conocidas: aumentos de materias primas, transporte, energía o mano de obra. A esto se le suma el cálculo psicológico: el consumidor nota más una subida de precio que una reducción de tamaño. También entra la protección de márgenes. El problema es que el costo real lo paga la confianza que tiene el consumidor en su proveedor.

Desde que surgió el fenómeno, los consumidores lo ven a diario. Las papas fritas y otros
empacados traen más aire que contenido. Las servilletas y el papel de baño duran menos. Los envases son más pequeños. Pastas de dientes y algunos medicamentos vienen en menor
cantidad.
 

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