Blog de la Fundación FACUA y la Fundación Ciudadana por un Consumo Responsable para la colaboración y el intercambio entre las organizaciones de consumidores de América Latina, el Caribe y Europa

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Europa y la pobreza energética

Publicado el 9 de diciembre, 2019 por Olga Ruíz Legido

En el sistema capitalista el consumo es una expresión más de la democracia y de la libertad personal. Un sistema que identifica al consumidor con un ser autónomo y libre que elige un producto, que compra y vota, si bien promoviendo con mucho más énfasis y asiduidad lo primero que lo segundo. Para esta Europa capitalista, aumentar las ofertas de consumo fomenta la libertad del consumidor y lo “empodera”, término tan de moda en estos tiempos como vacío de contenido. Es la «ciudadanía económica«, aquella que tiene capacidad de compra y por ello tiene derechos.

En este sistema que Europa representa, solo el que consume es realmente un ciudadano. Si compras tienes derechos, pero si careces de capacidad económica serás un nadie. Uno de esos nadies tan ilustrativamente descrito por Eduardo Galeano:

Los nadies: los hijos de nadie.

Los dueños de nada.

Los nadie: los ningunos, los ninguneados, Corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, Rejodidos.

Que millones de familias son nadies para esta Unión Europea (UE) lo vemos día a día en muchos ejemplos y, entre ellos, en el tratamiento que desde las instituciones europeas, y los gobiernos nacionales que las sustentan, le está dando al grave problema de la exclusión energética. El empobrecimiento de millones de familias en estos años de crisis-estafa mientras que, casi en paralelo, se desarrollaban e impulsaban los procesos de privatización-liberalización de servicios esenciales como la luz o el gas, han dado como resultado que a día de hoy millones de personas en España tengan dificultad para poder hacer frente al pago del recibo de la luz.

A mediados de los 90, la Unión Europea hace suyo el objetivo de crear un mercado único de la energía y publica las primeras Directivas para la liberalización del sector eléctrico y gasista. Se admite políticamente en Europa que la liberalización de las actividades de generación y comercialización en estos sectores será una manera de impulsar las economías, crear nuevos negocios, avanzar hacia una gestión eficiente de las empresas, mejorar los precios y la calidad de los servicios, promover un consumo más eficiente y avanzar en progreso social. A la ciudadanía se nos situó al margen de dichas decisiones y el proceso de privatización y liberalización se puso en marcha en España sin la existencia de un marco de participación ciudadana y sin debate social alguno.

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