Oficialmente se afirma o se nos hace creer, que la mayoría de los países de mundo tienen un sistema democrático, donde los ciudadanos votan a su presidente y a los miembros del parlamento y el senado con sistemas electorales aceptados como democráticos y además se declara que hay separación de poderes entre el poder ejecutivo (gobierno), poder legislativa (parlamento y senado) y el poder judicial (los jueces) y junto a ello sus constituciones reconocen la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, independientemente de su color de piel, ideas políticas y creencias religiosas.
Sin embargo, los hechos demuestran lo contrario en una buena parte de los países de los distintos continentes, donde la democracia real brilla por su ausencia y las leyes que regulan las elecciones impiden o no permiten que cada voto de cada ciudadano/a valga lo mismo, sea pobre o rico, hombre o mujer, culto o analfabeto, que es la base de la democracia electoral, implementándose modelos que impiden que cada voto tenga el mismo valor, utilizando trampas con la composición de las circunscripciones o distritos electorales y en la medición de los votos.
Junto a esto nos encontramos con el hecho de que la separación de poderes, no siempre existe y en buena parte de los países, la judicatura se dedica a hacer política a favor del gobierno o para derrocar al gobierno, existiendo una práctica que sufren los ciudadanos, pocos o nulos niveles de imparcialidad, manteniendo buena parte de los jueces y juezas criterios partidistas o machistas, también con tendencias a la xenofobia o racismo, que conlleva que a la hora de condenar a un ciudadano, la sentencia no se ajusta a los criterios democráticos de la imparcialidad y al cumplimiento estricto de las leyes de cada país.
¿Qué trato recibe una mujer maltratada cuando denuncia?
Un ejemplo del trato desigual que reciben hombres y mujeres, lo hemos vivido recientemente en un país centroamericano, en un caso de maltrato físico de una mujer a manos de su marido o pareja, cuando la mujer en la creencia de que la ley es igual para todos, “se atrevió” a poner una denuncia judicial, contra su pareja a causa de las continuas agresiones que venía sufriendo desde hacía años, es decir, se rebeló contra el estatus machista imperante en buena parte de los países.
Esta mujer presenta las pruebas de las agresiones sufridas y presenta videos donde se aprecia claramente los momentos del maltrato físico que sufría y logra que se abra una investigación judicial del caso y la fiscalía que lo lleva, llega a la conclusión probada, de que existían dichos malos tratos e imputa al maltratador y se solicita varios años de cárcel.
Hasta aquí todo parece que el sistema judicial en dicho país funciona perfectamente, aunque ocurre un hecho que lo cambia todo, ya que la persona acusada de maltratar a la mujer, presenta posteriormente otra demanda judicial contra su ex pareja y la acusa de calumnias e injurias contra él, argumentando que dichas acusaciones son falsas y que al haberse hecho público el video del maltrato, él está sufriendo graves pérdidas económicas, porque está perdiendo muchos clientes, ya que dicha persona es dueño de un despacho de abogados y argumenta que se ha dañado su imagen gravemente.
Se produce un giro de los acontecimientos judiciales
A partir de la segunda denuncia, se producen hechos claramente extraños desde el punto de vista legal, ya que tras la presentación de citada denuncia, por parte de la persona anteriormente acusado de maltratar a su pareja legal, pues sin causa que lo justifique, salvo intervenciones o maniobras dentro del aparato judicial, se coloca en primer lugar el juicio contra la mujer maltratada bajo la acusación de haber calumniado e injuriado a su ex pareja, es decir al maltratador, y el juicio por el maltrato sufrido por la señora se celebrará no se sabe cuando.
Digo claramente extraño, pues entiendo que solo gracias a “influencias extrañas”, se ha producido un juicio y condena de la mujer maltratada que había denunciado y probado la violencia que estaba sufriendo por parte del que se convirtió en acusador, ayudado por las influencias que dicho abogado sin lugar a dudas, tiene en las instancias judiciales, y que han provocado que dicha mujer haya sido juzgada y condenada y encarcelada por decir la verdad sobre lo que le estaba ocurriendo en su matrimonio, mientras que el hombre aún tardará meses en ser juzgado y posiblemente utilizará la condena a la mujer para desautorizar el juicio por maltrato.
En este caso se puede afirmar con las evidencias existentes, que el hombre único culpable por maltratar a su esposa, ha podido contratar abogados para su defensa y gracias a las extrañas influencias, ha tenido un trato de favor mientras que la mujer que no tenía capacidad financiera suficiente, ha sido condenada injustamente y no ha podido contar con las defensas adecuadas, a pesar de ser ella la única víctima de lo ocurrido.
La victima del maltrato machista es ingresada en la cárcel
Lamentablemente la ex esposa maltratada, se encuentra hoy cumpliendo la condena en una cárcel de mujeres por el “grave delito cometido” al contar la verdad sobre el maltrato machista que sufría, viviendo una situación de gran incertidumbre y con problemas de salud, con sus hijos que no pueden ser cuidados por ella. En este estado se encuentra esperando que se celebre una audiencia para poder conseguir modificar o canjear la estancia en prisión, por trabajo para la comunidad, tal como permite la propia sentencia.
¿Se puede afirmar que la justicia es igual para hombres y mujeres? y esta pregunta se puede responder diciendo que ha quedado claro que en este caso y en muchos miles más en el mundo, que el machismo dominante provoca la vulneración de los derechos esenciales y constitucionales de las mujeres, ayudados por políticos también machistas y por jueces que no son imparciales en el cumplimiento de la ley.
Es fundamental el empoderamiento de las mujeres
Para que de verdad haya democracia, e igualdad entre hombres y mujeres, se hace necesario que el feminismo siga avanzando e imponiéndose en la sociedad, en la que aún impera el patriarcado y ello conlleva que una buena parte de los hombres se creen con derecho a dominar y maltratar a las mujeres y pretenden que sus esposas sean sumisas y no tengan opinión propia.
Quiero terminar este artículo basado en hechos reales, citando frases de la guía editada por la ONU MUJERES:
“El feminismo, con sus interminables evoluciones, persigue un objetivo: empujar a las sociedades hacia la igualdad para todas las mujeres y niñas y, a la vez, crear un mundo más igualitario para todas las personas y define el feminismo como la creencia de que todas las personas, independientemente de su género, deben tener los mismos derechos y oportunidades”.
“Una persona feminista es alguien que defiende la creencia de que todas las mujeres y niñas deben tener los mismos derechos y oportunidades que los hombres y actúa con base en dicha convicción, por ello cualquier persona puede ser feminista”.
“El feminismo no ha perdido ni un ápice de pertinencia porque ningún país en el mundo ha alcanzado la plena igualdad de género y en todo el mundo, muchas mujeres y niñas siguen careciendo de derechos humanos básicos y las cifras son escalofriantes:
- una de cada tres mujeres sufre violencia física o sexual a lo largo de su vida;
- una de cada cinco niñas se casa antes de cumplir los 18 años;
- seis de cada diez femicidiosson cometidos por la familia o la pareja de una mujer o niña.
- las mujeres tienen menos de dos terciosde los derechos legales de los hombres;
- en la mitad de los países, el consentimiento sigue sin ser el criterio jurídico contra la violación”.
Este artículo es un homenaje a las víctimas y una repulsa a los maltratadores, especialmente a los protagonistas de estos hechos reales.
Paco Sánchez Legran
Presidente de la Fundación FACUA