Día Mundial del Consumidor/a -2021

Marzo es un mes con bastantes celebraciones relacionadas con el tema ambiental como el Día Mundial de la Vida Silvestre, el Día Internacional de los Bosques, el Día Mundial del Agua e inclusive, el Día Mundial del Reciclador de Base. Tanto estos días mundiales, como los días internacionales, apuntan a conservar los ecosistemas a través de un desarrollo sustentable, donde la naturaleza y los elementos naturales que la componen no sean un mero factor económico dentro de la cadena producción y consumo, sino que sean situados en el centro de la protección de la Tierra para asegurar la sobrevivencia de las futuras generaciones. Obligando así a incrustar el tema de la crisis climática en el centro de las discusiones gubernamentales, empresariales y de la sociedad civil, tanto a nivel local como global, situando al ser humano como uno de los responsables de la alteración de los ciclos naturales; mientras que la legislación relacionada con la protección ambiental, muchas veces avanza un paso por detrás de los fenómenos climáticos que golpean fuertemente sobre todo a las poblaciones más vulnerables y que son el desenlace de nuestro actual comportamiento basado en la contaminación del aire, la desertificación, la deforestación y la sobreexplotación de acuíferos.

Encontramos iniciativas como el Acuerdo de Escazú, el primer gran pacto medioambiental de América Latina y el Caribe promovido por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), que cumple justamente en marzo tres años desde su adopción en Costa Rica y que entrará en vigor el próximo 22 de abril en la gran mayoría de los países de la región. Básicamente, este tratado es un instrumento jurídico en materia de protección ambiental, pero también de derechos humanos. Lo que busca este tratado regional es garantizar el acceso a la información pública, promover la participación ciudadana en la toma de decisiones ambientales que afectan a los territorios y el derecho de acceso a la justicia de los defensores ambientales, donde América Latina figura en la lista negra de las regiones donde más denuncias se han realizado por asesinatos de activistas ambientales, de acuerdo a un estudio realizado por Global Fitness.

Así como el Acuerdo de Escazú, podemos enumerar una lista de tratados y protocolos ambientales internacionales que buscan mejorar la protección de la naturaleza y el impacto de la acción humana sobre el medioambiente. La Organización de Naciones Unidas y la Organización Mundial de Comercio han sido claves en la implementación de muchos de estos acuerdos intergubernamentales relacionados con el clima, la diversidad biológica y desechos, entre otros, yde los que uno de los más suscitados por estos días es el Acuerdo de París, un pacto global que busca limitar el aumento de la temperatura mundial por debajo de los 2°C.

En este esfuerzo global por enfrentar la emergencia climática, se torna urgente la comunión de esfuerzos que incluyan un mapa de ruta que establezca metas concretas para la reducción de emisión de los gases que causan el efecto invernadero y la protección de nuestros ecosistemas. Esto incluye políticas públicas, innovación y tecnología, desarrollo de mercados sostenibles, la asesoría a países que buscan, por ejemplo, la transición en la matriz energética a una más limpia y el trabajo cohesionado entre los diferentes actores involucrados, donde el rol del consumidor es clave en cambiar la manera en la que consumimos.

La necesidad de un esfuerzo colectivo

Vestir, comer, comunicarnos, desplazarnos,… son actividades que repetimos a diario los consumidores. Sin embargo, ¿nos detenemos a pensar en las consecuencias de nuestros hábitos de consumo para la degradación del planeta? Por ejemplo, la ganadería es la responsable del 14% de los gases de efecto invernadero, lo cual también incluye tala de bosque para la producción de carne.

Por otro lado, la obsolescencia programada ha permitido que toneladas de equipos móviles terminen su vida útil en vertederos, con el consiguiente riesgo para la salud de las personas. La industria de la moda a través de la moda rápida ha impactado en el uso del agua. Por ejemplo, para la fabricación de un jean vaquero se usan aproximadamente 7.500 litros de agua, mientras en países como Chad, un 69% de sus habitantes no dispone de este suministro básico.

La producción global de plásticos ha aumentado considerablemente en las últimas cinco décadas. La mayoría de los envases que se producen son de un solo uso, esto incluye botellas, bolsas, vasos y un sinfín de otros elementos descartables. Según cifras de la asociación Plastics Europe, en 2018 en Asia se produjo un poco más de la mitad de los plásticos del mundo (51%), seguido por China con un 30% de la producción mundial de plásticos. Mientras que cada año se vierten hasta 12 millones de toneladas de plástico en los océanos impactando fuertemente a la biodiversidad marina. De acuerdo a Naciones Unidad Medioambiente, cada año mueren alrededor de cien mil aves y mamíferos marinos por consumo de plásticos: tortugas, ballenas, delfines, lobos marinos y aves encabezan la lista. Si bien hay numerosas iniciativas a nivel global para detener la contaminación de los océanos, nuevos elementos de uso cotidiano están contribuyendo a su polución, producto de la pandemia global de la Covid-19: mascarillas descartables, guantes y envases plásticos.

Pero si miramos hacia los esfuerzos de la comunidad internacional y de los países, el panorama tiende a ser levemente más optimista. Estados como Chile y España han aprobado leyes para la reducción de los desechos plásticos. En Uruguay, en 2019 entró en vigor la normativa que indica que solo se pueden fabricar o importar bolsas que sean biodegradables o compostables. Y en Senegal desde 2016 está prohibida la producción, importación, venta y distribución de bolsas de plástico, cuyo incumplimiento trae asociadas multas. La Unión Europea acordó prohibir los plásticos de un solo uso a partir del 2021, además de establecer el objetivo de recuperar el 90% de las botellas de plástico en 2029. En el caso de Asia, Taiwán por ejemplo declaró la guerra al plástico con una ambiciosa meta de reducir los desechos y contaminación por los mismos.

Desde la sociedad civil, organizaciones locales, regionales e internacionales también lideran diversas luchas para la protección de los ecosistemas y la biodiversidad. Por ejemplo, desde 2018 el movimiento social mundial Extinction Rebellion, fundado por académicos y académicas, hace una llamada a la acción global exhortando a los gobiernos a actuar frente a la crisis climática. El Movimiento Amigos de la Tierra coordina a 75 organizaciones ecologistas a nivel internacional para hacer campaña sobre problemáticas ambientales y sociales. En Earth Action, nacida durante la cumbre de la Tierra en 1992, hacen campañas de información y concientización sobre la defensa del medio ambiente, derechos humanos , la paz y la justicia social.

Consumers International junto a sus más de 200 organizaciones de defensa de los derechos del consumidor, también viene jugando un rol clave haciendo un llamado a transformarnos en consumidores sostenibles y utilizar el poder que tenemos para exigir mejores prácticas relacionadas con el uso del plástico. Y es el deber del Estado establecer políticas públicas que impulsen al mercado global a entregar alterativas sostenibles de consumo que no dañen el medioambiente.

El poder de las 7R

Desde recicladores hasta consumidores nos encontramos en la tarea de construir un mundo más sostenible a través de distintas alternativas que combatan la generación de residuos. Desde esta esfera nace un nuevo paradigma que contribuye a detener la contaminación y preservar el equilibrio ambiental. En este contexto ya no solo dirigimos nuestras acciones sobre las conocidas 3R: Reducir, Reutilizar y Reciclar, sino que también se incorporan nuevas maneras impulsadas desde la economía circular para el cuidado del planeta, como las 7R: Rediseñar, Reducir, Reutilizar, Reparar, Renovar, Recuperar y Reciclar. Alargar la vida útil de un producto a través de asignarle un nuevo uso, reparar antes de tirar a la basura, darle un nuevo y distinto uso para el cual fue creado a un objeto antiguo, recuperar materiales usados como insumo para la fabricación de nuevos productos, reducir el consumo al planificar nuestras compras o incluso trocar elementos en la comunidad son las claves para poner fin a la linealidad con la cual estamos acostumbrados a desenvolvernos diariamente, reduciendo significativamente nuestro impacto ambiental, nuestra huella ecológica.

Bajo el lema de las 7R para detener la contaminación de los plásticos, Consumers International y sus miembros en más de cien países llevarán a cabo la campaña global del Día Mundial de los Derechos del Consumidor este 15 de marzo de 2021. Los consumidores están cada vez más conscientes del daño que produce la contaminación con plásticos y están haciendo una llamada a la acción debido a las alarmantes cifras. Un estudio mundial reveló que existe una fuerte respuesta de los consumidores a los residuos plásticos, por ejemplo, el 82% de los encuestados usa utensilios de limpieza reutilizables, en vez de plásticos de un solo uso, el 72% usa bolsas reutilizables para hacer sus comprar y el 62% utiliza botellas rellenables. Sin embargo, para detener la contaminación de plásticos se requiere un enfoque multidisciplinario que integre al mercado global, los gobiernos, las empresas, la academia, la sociedad civil, y por supuesto, a los consumidores, entregándoles alternativas e infraestructuras eficaces para poder llevar a cabo las 7R.

Según estadísticas del Banco Mundial, en América Latina se generan diariamente al menos 430 mil toneladas de basura.Sin embargo, si esta basura se separara antes de llegar a los vertederos sería posible reciclar casi el 90% de ella. La preocupación se incrementa si pensamos que parte de estos residuos podrían terminar en vertederos informales, los que son fuente de contaminación y, por ende, de enfermedades. Frente a esta realidad se hace prioritario fomentar oficios como el de los recicladores de base, que además de procesar los residuos plásticos, vidrio y metal, logran mantener a sus familias a través del ingreso por esta valiosa actividad que muchas veces pasa desapercibida por nuestro hogar. Por ejemplo, la Red Latinoamericana y del Caribe de Recicladores, una base de trabajadores que recolecta, selecciona y recupera los residuos reciclables, busca agrupar a organizaciones de recicladores en todos los países.

Sumándose a este esfuerzo global por detener la contención del plástico, los grupos de consumidores todo el mundo realizarán actividades informativas, educativas y de abogacía. Desde Panamá, las organizaciones UNCUREPA e IPADECU llevarán a cabo el foroLos Consumidores y la Sostenibilidad en el Ambiente: Incidencia de los microplásticos y las afectaciones en nuestra biodiversidad. En México, El Poder del Consumidor y Vía Orgánica, con la colaboración de Greenpeace México, le darán vida al foro: ¿Tu alimentación es ultraprocesada y plástica? Cómo reducir la contaminación por plásticos desde tu plato. En Vietnam, VINASTAQ lanzará el reportaje Quality & Life sobre la contaminación plástica. En Rusia, KONFOP está haciendo lobby para que se actualice la regulación sobre etiquetado informativo al consumidor como guía de reciclaje.

Las 7R como herramienta para la construcción de un modelo de consumo más sostenible han llegado para quedarse y nos llaman a ser más ambiciosos para enfrentarnos al desafío que implica la reducción del uso de plásticos. Desafío que solo será posible con la colaboración y el trabajo articulado del sector público, privado y de los consumidores.

Lograr metas como la eliminación de plásticos de un solo uso, la reciclabilidad de un 100% de los envases y embalajes plásticos, así como el impulso del compostaje nos obliga a trabajar rápido para no volver a repetir un nuevo episodio del sobregiro ecológico, instancia donde la Tierra agota todos sus recursos naturales que la humanidad demanda para un año.

Tamara Meza

Global Networker Lead, Consumers International

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