El acto de consumir no es una característica que defina al ser humano, sino un acto del que participa. Pero consumir de forma racional sí es consecuencia de la libertad, que sí constituye una cualidad específicamente humana. La libertad tiene como correlato la responsabilidad y es por ello que el ejercicio de la libertad responsable precisa información y formación, en una palabra, exige educación.

Educar debe implicar aprender a pensar, ir un paso más allá e influir de tal forma en alguien, que se logre pasar de ese deber ser a un ser por convicción y voluntad propia.

Todo sujeto precisa educarse para adquirir competencias que le permitan usar y construir experiencias axiológicas, es decir, centradas en los valores, y el acto de consumo no es diferente.

La perspectiva educativa no puede olvidar que en el momento actual el consumo no se reduce sin más a la adquisición de productos o servicios, sino que el consumo se ha hecho emotivo, propiciando la aparición de un individuo fundamentalmente voluble, sin ataduras profundas y con una personalidad y unos gestos fluctuantes.

La educación formal no debe renunciar a su misión de perfeccionar integralmente al educando ante el hecho del consumo. Al final, el proceso educativo de personalización debe resolverse en un individuo informado, autónomo, libre administrador de su vida y consumidor responsable. Sentar las bases de la educación para el consumo en la ciudadanía es un objetivo de presente y de claro futuro.

Por consiguiente, formar consumidores responsables y conocedores de las consecuencias de sus actos se erige hoy en una de las metas de la educación. Se debe aprender a consumir con prudencia y responsabilidad y a ser exigente. Sólo gracias a una formación pertinente en este terreno puede el ser humano ser libre y responsable como consumidor, ya que la presión de la publicidad, los grupos de referencia, los medios de comunicación, etc., tienen tal fuerza de persuasión que, sin la suficiente base formativa, dejan escaso margen a la decisión libre y responsable del individuo.

Por ello, las escuelas con iniciativas más integrales se deben ocupar de educar para el consumo mediante la inclusión de propuestas en sus actividades curriculares y reflexivas.

El consumo es una actividad de comunicación, homogeneización y diferenciación en una estructura caracterizada por desigualdades, diferencias y contradicciones políticas, económicas y sociales.

En este sentido el consumo es un fenómeno social, económico y cultural cuyas dimensiones exceden la connotación reduccionista que suelen darle algunos estudiosos, al identificar este proceso como una decisión personal para la satisfacción de necesidades. Las características sociales han de ser tenidas en cuenta a la hora de proporcionar una acción formativa dirigida al consumidor.

Es por todo ello que se hace necesaria una asignatura en educación del consumo, de manera troncal en los currículos y no sólo como un tema transversal, como pueden ser la educación para la salud, educación para la paz, educación ambiental, educación para la igualdad entre hombres y mujeres…

La educación para el consumo como asignatura escolar debe ser un instrumento fundamental a la hora de formar ciudadanos responsables que asuman sus deberes y que sepan defender sus derechos.

El consumo responsable, el conocimiento sobre los derechos como consumidor, así como sus deberes, y el atender a criterios más allá de lo estéticamente perfecto o el dejarse llevar por la publicidad son algunos de los temas con los que se ha de tener especial cuidado y por lo que es necesario tener una educación para el consumo en las escuelas.

Debido a la gran variedad de productos que podemos encontrar en el mercado, las empresas se han visto obligadas a crear publicidad de necesidad, es decir, hacer creer al consumidor que necesita aquello que le estamos vendiendo, utilizando estímulos externos para crear esa sensación en el consumidor.

La educación para el consumo debe tener como principal objetivo fomentar las habilidades, actitudes y los conocimientos necesarios para que los jóvenes se acaben convirtiendo en consumidores responsables y que sean capaces de actuar de manera crítica con aquello que se le presenta.

Dicha asignatura debería abarcar los ámbitos cognoscitivos, actitudinales, procedimentales y aplicativos. Debe enseñar contenidos y debe fundamentarse en la información y su aprendizaje, debe contemplar el cambio de actitudes y la conformación de nuevos hábitos  consumistas, ha de dotar al sujeto de recursos y procedimientos que le permitan tomar decisiones y resolver situaciones referentes al consumo y no basta con saber cómo proceder, sino que hay que poner al sujeto en situación de actuar, por lo que también deberá desarrollar contextos de aplicación en la realidad a fin de que pueda ejercitar de forma precisa la toma de decisiones. Para ello es necesario considerar las cuestiones éticas, la diversidad de perspectivas, los procesos globales y las condiciones futuras. Implica tomar responsabilidades de manera global, así como a escala regional, nacional y local, asegurando sus propias necesidades y bienestar personal.

Consecuencias formativas

El poder desarrollar asignaturas troncales sobre consumo, desde temprana edad y continuadas en el tiempo, repercutiría en las nuevas carreras profesionales, despertando a una sociedad que se centrara en el consumo y la ecología en vez de en lo económico.

En el año 2021 las carreras que están en pleno desarrollo se centran en el big data, la inteligencia artificial, la estadística, la computación, ingenierías, técnicas de negocio….

Ya vamos tarde, en el siglo XXI ya deberíamos estar hablando de carreras profesionales centradas en economías e ingenierías ecológicas. En ciencias que estudien la viabilidad en términos de sostenibilidad del modelo económico, a través de los flujos de materiales, energía y residuos que se necesitan. Carreras que integren elementos de economía, ecología, termodinámica, ética y de un rango de otras ciencias naturales y sociales para proveer una perspectiva integrada y biofísica de la interacción entre la economía y el ambiente.

Almudena Álvarez Oliva

Licenciada en Pedagogía. Especialista en Consultoría de Formación y RR.HH.

Responsable técnica de la Escuela de Formación Consumerista de la Fundación FACUA

Secretaria de la Fundación FACUA

Miembro de la Junta Directiva de FACUA

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