Con la finalidad de vincular la producción nacional y el consumo de alimentos saludables de una manera accesible y asequible para toda la comuna panameña, en julio de 2020 se da inicio a un esfuerzo articulado entre productores, académicos, consumidores, organizaciones sociales de salud y de ambiente, autoridades de salud y organismos regionales, como el Instituto de Nutrición de Centroamérica y Panamá (INCAP). Esto con la finalidad de identificar temas y agendas de investigación para fortalecer los Sistemas Alimentarios Sostenibles y Saludables. El esfuerzo, nace impulsado por la red de consumidores de Centro América y el Caribe (CONSUACCIÓN), con la representación en Panamá de la organización de consumidores UNCUREPA.

Alimentación, economía y producción.

Hoy en día, Panamá presenta dos problemática importantes relacionadas a la situación alimentaria. Por una lado, una curva creciente de obesidad que se traduce en enfermedades cardiovasculares, diabetes, e incluso cáncer y, por otra parte el acceso a los alimentos de parte de los consumidores. La prevalencia del sobrepeso entre los niños menores de cinco años en Centroamérica era al 2012, de 6.5% y Panamá era el único país de toda la región que sobrepasaba este índice con 9.7%, mientras que en la población de adultos arriba de 18 años, en el mismo periodo era de 20,6% pero al 2016, lo incrementó a 22,7%.

La comunidad panameña amerita un cambio en su paradigma alimentario debido al alto consumo de alimentos procesados, altos en grasas trans, azúcares y sodio. Sin embargo, esta realidad encuentra sustento en el carácter deficitario de la producción local nacional.

De acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), cuando se mide la disponibilidad (producción doméstica, más importaciones, menos exportaciones, más las variaciones de las existencias) de dichos alimentos para su población, Panamá queda en una posición deficitaria. De hecho, es uno de los siete países de Latinoamérica con producción deficitaria.

A la vez, su producción se encuentra afectada por el cambio climático. 300 000 familias se vieron golpeadas por fenómenos naturales, como el desbordamiento de ríos en enero de 2018. Y también debido a los huracanes IOTA y ETA, los dos ciclones dejaron más de 20 muertos y una decena de desaparecidos además de millonarias pérdidas, especialmente en la provincia occidental de Chiriquí y en la comarca indígena Näbe-Buglé.

Otro elemento que condiciona el acceso a los alimentos, es la situación económica de los consumidores. Al 2014, se indicaba que el ingreso promedio nacional era de US$ 521.28 con un costo promedio de la Canasta Básica Alimentaria de US$ 299.31. Para la comparación de estas cifras del año en mención, se indicaba que 1,350,000 panameños se encontraban en condición de vulnerabilidad.

En concordancia con lo anterior, si bien Panamá, de acuerdo a la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL), ha tenido una trayectoria de crecimiento económico per cápita sostenido, aumentando en casi tres veces su PIB per cápita y superando en el año 2011 el promedio de América Latina y el Caribe, sigue siendo más desigual, en términos de distribución de ingreso, que la mayor parte de los países de la región. El fuerte crecimiento del PIB per cápita anotado por Panamá no ha tenido una correspondencia similar en la reducción de la desigualdad de la distribución por ingreso.

Debido al impacto COVID-19, un 77% de los hogares con niños y niñas del país sufrió pérdidas parciales o totales. La situación fue aún más severa en los hogares con ingresos inferiores a US$ 400 al mes. Se trata del estrato más bajo, los cuales vieron sus ingresos reducirse en el 89% de los casos. Además, un 47% de los hogares declaró haber tenido menos alimentos de lo habitual. Este porcentaje aumenta al 68% en los hogares del nivel socioeconómico más bajo. Entre aquellos que declararon haber tenido menos alimentos, en el 59% de los casos se afectó la cantidad y/o el tipo de comida para los niños, niñas y adolescentes.

El cambio que necesita Panamá.

Es necesario un cambio en nuestra cultura, con compromiso y concientización de todos los consumidores, para disminuir el consumo de productos ultra procesados mediante las políticas públicas que den impulso a una mejor información al consumidor, que contribuyan a disminuir la publicidad que promueve el consumo de productos ultra procesados y fortalezca un consumo de alimentos saludables, por medio de la dotación de recursos a los pequeños productores locales. Pasos que permitan dar respuesta para promover una economía familiar mediante el hacer huertas y granjas familiares, urbanas, comunales, entre otras iniciativas.

Impulsar una alimentación donde nuestros consumidores puedan tener un acceso más directo a los a productor frescos, mejor aún, que conlleven procesos orgánicos, para que los alimentos seas ricos en nutrientes. El camino no es fácil, pero con el acompañamiento de todos y todas, podemos caminar a un verdadero cambio a mejorar la salud del panameño, reactivar la economía mediante el impulso al sector primario y estar preparados a base de un fortalecimiento inmunológico para hacerle frente al COVID-19 y cualquier otra enfermedad que nos esté acechando.

Una alternativa: el Movimiento de Alimentación Saludable en Panamá.

En lugar de solo comer por comer, debemos también conocer sobre el tipo de alimentos que nuestro cuerpo necesita y por qué la dieta de comida rápida a base de productos procesados está creando innumerables problemas de salud. Cierto es que la teoría es una cosa y la práctica es otra. Se puede comenzar a reducir fácilmente el consumo de comida procesada, comprando directamente a productores locales de alimentos saludables o comprando en mercados de productores. También se puede comenzar a sembrar en un pequeño espacio con una o dos plantas. En Panamá puede germinar casi todo lo que se siembra, con lo cual no hay excusa para no intentarlo. Es hora que demos un paso adelante y seamos responsables de lo que nos llevamos a la boca.

Ya hay muchos que están cansados de los productos procesados y están recurriendo a los movimientos de alimentación saludable para obtener consejos y recomendaciones sobre cómo comer mejor. La idea es que entre todos se promueva el buen comer y el bienestar ambiental. Y en ese sentido, ya existen varias opciones. Aquí en Panamá existe el Movimiento de Alimentación Saludable, en el cual sus miembros impulsan la comida sana y practican la agricultura sostenible. Y, aunque los alimentos saludables cuestan un poco más, vale la pena la inversión, porque significan menos exposición a sustancias químicas y menos uso de plásticos en su producción y envasado. Estos planteamientos, son algunos de los elementos que nos llevaron a unirnos como una sola familia y formar el MOVIMIENTO DE ALIMENTACIÓN SALUDABLE EN PANAMÁ.

El Movimiento de Alimentación Saludable fomenta el consumo de productos locales que son cultivados y cosechados en áreas cercanas, compartiendo información de estos productores por provincia. El punto clave aquí es asegurar que todo lo que se coma sea fresco y que no haya incurrido en “millas de comida” excesivas al ser transportado desde el extranjero. La campaña del Gobierno de “Consume lo Nacional” es parte de la filosofía de este Movimiento.

El Movimiento de Alimentación Saludable impulsa además la producción de alimentos libres de plaguicidas, agroquímicos que se usan alegremente en la agricultura y se han comprobado nocivos para la salud de los agricultores y consumidores. Hay estudios que relacionan el uso excesivo de plaguicidas en los alimentos con la proliferación de enfermedades como cáncer y otros problemas médicos graves.

El Movimiento de Alimentación Saludable cuenta con profesionales que pueden capacitar y orientar en el consumo de alimentos destinados a mejorar la salud y prevenir enfermedades y otros padecimientos que afectan a la población. En el Movimiento de Alimentación Saludable se procura la producción de alimentos naturales, incluyendo carnes, aves y pescados, pero adoptando nuevas formas de producción en respuesta a las preocupaciones ambientales y de salud. Un porcentaje cada vez mayor de la población está intranquilo por el impacto ambiental de la ganadería, por las emisiones de gas metano, preocupaciones que están llevando a más personas a un estilo de vida más natural y sostenible. Aquí, en Panamá, ya tenemos un Movimiento y vino a quedarse por el bienestar de nuestros consumidores.

Bethy Cruzado
Coordinadora General del Movimiento de Alimentación Saludable de Panamá
Asesora de la Fundación FACUA

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