Un Chile sobreendeudado

Chile es un país endeudado. Según el XXVII Informe de Deuda Morosa correspondiente al Cuarto Trimestre de 2019, elaborado por la Universidad San Sebastián y Equifax, el número de personas deudoras morosas en Chile alcanza los 4.733.305 habitantes. Esto representa cerca de un 25% de la población total.

Esta situación puede reflejar un particular fenómeno que afecta a la sociedad chilena: la exacerbación del consumo, facilitado por un libre, constante, y prácticamente ilimitado acceso al crédito y al endeudamiento.

Sin embargo, esta afirmación no basta para justificar los elevados niveles de sobreendeudamiento en Chile. El libre acceso al crédito no es suficiente para explicar la preferencia de las chilenas y chilenos por la adquisición de deuda.

Este fenómeno social no puede ser explicado mediante una simple relación causa/efecto, sino que implica un análisis en profundidad acerca del contexto en que se desarrolla, del entorno social, ideológico, político y económico en que se desenvuelven las personas.

Por lo tanto, la relación de las personas con la deuda no surgiría como una consecuencia lógica de un mayor acceso al crédito, sino que sería fabricada intencionalmente, siendo una condición inherente y constitutiva del sistema capitalista postindustrial.

En el actual sistema ideológico, (y por lo tanto político), económico, social y cultural que impera en la sociedad chilena, uno donde domina el capital financiero y sus instituciones, el mecanismo y dispositivo de la deuda es fundamental para su mantenimiento y prolongación en el tiempo.

En definitiva, la deuda es el mecanismo que permite la retroalimentación, reproducción y perpetuación del sistema.

Inmersos en una Economía de la Deuda

La primera afirmación que es necesario asentar en esta propuesta conceptual, es que en Chile impera el Modelo, Sistema o Estado Neoliberal.

Para entender la relevancia de esta aseveración, es importante considerar la definición propuesta por David Harvey en Breve Historia del Neoliberalismo.

“El neoliberalismo es, ante todo, una teoría de prácticas político-económicas que afirma que la mejor manera de promover el bienestar del ser humano, consiste en no restringir el libre desarrollo de las capacidades y de las libertades empresariales del individuo, dentro de un marco institucional caracterizado por derechos de propiedad privada, fuertes mercados libres y libertad de comercio” (Harvey, 2007:8).

Bajo esta definición, el rol del Estado sería crear y preservar el marco institucional apropiado para el desarrollo de las prácticas que permitan la existencia del sistema. Por ejemplo, tiene que garantizar la calidad y la integridad del dinero, además de disponer de las funciones y estructuras militares, policiales, defensivas y legales necesarias para asegurar y proteger los derechos de propiedad privada y garantizar el correcto funcionamiento de los mercados financieros (Harvey, 2007:8).

Además, otra condición necesaria en el Sistema Neoliberal, es que en aquellas áreas donde no existe un mercado, como puede ser la tierra, el agua (entendiéndola como parte de los servicios básicos), la educación, la salud y la seguridad social, por nombrar algunas, éste debe ser creado cuando sea necesario, acción en la que el rol del Estado es fundamental (Harvey, 2007:8).

En esta dinámica, donde la esencia del neoliberalismo, entendiéndolo también como un capitalismo postindustrial donde predomina la contradicción capital financiero/trabajo, el mecanismo de la deuda (el crédito como generador de endeudamiento), pasa a ser una construcción política e ideológica inherente y constitutiva del sistema. En esta línea de análisis, Maurizio Lazzarato, en “La Fábrica del Hombre Endeudado. Ensayo sobre la condición neoliberal”, se refiere a este sistema como la “Economía de la Deuda” (Lazzarato, 2011).

Para Lazzarato, en esta economía de la deuda, “el paradigma de lo social no debe ser buscado en el intercambio económico o simbólico, sino en el crédito, en la deuda, en la asimetría de la deuda/crédito” (Lazzarato, 2011:21). De esta forma, la deuda se manifiesta como una relación económica indisociable de la producción del sujeto y su “moral”.

Esta economía de la deuda se caracteriza por la reducción de los salarios, la disminución o incluso eliminación de los derechos sociales, donde los verdaderos asistidos y beneficiados por el Estado pasan a ser las empresas y las personas ricas, en vez de las pobres y los grupos de menores ingresos.

En esta economía, la totalidad de las y los individuos son deudores, siendo el capital el gran acreedor de todo y de todos. En este contexto surge el “Hombre Endeudado”, un individuo que, frente a su deuda, al mismo tiempo se siente responsable y culpable de su propia suerte (Lazzarato, 2011).

*El presente artículo es un breve resumen del ensayo titulado “Sobreendeudamiento en Chile: causas, mecanismos de reproducción y una propuesta de superación”.

Para leer completa la publicación académica, puede acceder a la sección Documentos de este mismo Blog.

Carlos Montoya Ramos
Encargado de Comunicaciones Estratégicas de ODECU (Organización de Consumidores y Usuarios de Chile)
Master en Ciencias de la Comunicación
Periodista Especializado en Educación Financiera

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